Sexo. Ni amor, ni amistad

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Pese al auge de app de citas como Tinder o Happn, la prostitución sigue siendo una alternativa fácil para muchos. Gustavo ha intentado coquetear con mujeres a través de Facebook. Asegura que queda con ellas y luego siente un gran desengaño: «Te ven en persona y dicen que tenían otro plan, es decepcionante». Y esta situación, confiesa, lo lleva a levantar el teléfono y llamar a una joven uruguaya para preguntarle si tiene unas horas para pasar con él.

«No sé si contratar prostitución es ético o no, pero tampoco es ético jugar a la lotería, emborracharse, y tantas otras acciones. Pagar por sexo no es un crimen«, indica. Se define como un defensor de las mujeres que ejercen: «Sé que es sacrificado. A veces están con hombres que no les resultan atractivos, pero hay trabajos que son así».

Hablamos con un tercer cliente, Juanjo, que usa un nombre falso para mantener el anonimato. Tiene 35 años y probó la prostitución por primera vez hace 14, cuando su jefe lo llevó a un club. «Siempre se piensa que los hombres que van de prostitutas tienen algún inconveniente en la vida, y no, no hay ningún problema«, dice Juanjo, que contrata mujeres cuatro veces al mes por unos 250 euros. «Yo voy porque me tratan bien, por entretenimiento. La primera vez fui porque había roto con mi novia. Y después me gustó».

A diferencia del resto de los entrevistados, éste busca y paga el servicio en la calle. «Me gusta el ambiente, es más natural», explica. «Las chicas están a la vista».

La mayoría de los clientes cree que las mujeres ejercen esta actividad por necesidad económica (93,9%). En segundo lugar están los que opinan que lo hacen por obligación o amenazas (72,8%). Pero, aunque sean conscientes de la vulnerabilidad de las mujeres, no dudan en contratar sus servicios.

“A LAS PUTAS EN BARCELONA NADIE LE REGALA NADA, TODO ES POR INTERÉS» Dice Karina prostituta de Barcelona, quien logró salir de la prostitución gracias a un cliente que le dio alojamiento a cambio de sexo.

Mati, el cliente progre, no la cree. Si algo repite es que las mujeres que frecuenta «dicen ejercer esta actividad por propia voluntad». Y afirma: «Si detectara un caso de trata de personas, lo denunciaría; si no, sería cómplice de un delito. Nunca viví esa situación».

Cada mes, este joven va a un club o llama a una agencia. Paga en efectivo: unos 100 euros por sesión. «Cualquier mujer puede conocer las claves del placer, pero si quiero garantías, contrato el servicio», dice. «Cuando no existe un pago, pocas veces se establecen los términos de la práctica sexual. Con una prostituta se define antes y es más placentero».

La prostitución, a su entender, es una especie de lujo que se concede de vez en cuando. «Hay personas que deciden darse un capricho y acuden a un balneario, se compran una ropa de marca o contratan un masajista», dice. «Yo destino una parte de mi sueldo a recibir placer».

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