El momento en que te conviertes en adulto

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Las etiquetas importan. El hecho de que te consideres a ti mismo una persona adolescente, una persona todavía joven o una persona realmente adulta tiene consecuencias en tus expectativas sobre la vida, en la valoración que haces de tus logros y sobre todo en la manera en la que te autopercibes. No te exiges lo mismo cuando tienes 14 años que cuando tienes 55. Pero delimitar la frontera entre la juventud y la adultez no es tan sencillo como parece. De hecho, todas las medidas que suelen utilizarse para hacerlo tienen sus inconvenientes.

Una de las más habituales es el establecimiento legal. A los 18 años el Estado pasa de verte como unx niñx incapaz de tomar decisiones a una persona adulta con plenas facultades para conducir, beber o firmar una hipoteca. Y algunas comunidades o ayuntamientos escogen los 26 o los 30 años como edad límite para disfrutar de todo tipo de bonos para jóvenes, normalmente relacionados con el transporte. Pero es un establecimiento bastante arbitrario que poco tiene que ver con la biología. No determina verdaderamente tu paso a la adultez.

La medida que sí tiene que ver con la biología es el desarrollo físico. Como explican desde El Confidencial, «el último hueso del cuerpo en madurar, la clavícula, lo hace entre los 25 y 35, pero los factores ambientales y socioeconómicos pueden afectar a este proceso». También están los cambios cerebrales provocados por la maduración sexual, que «pueden prolongarse hasta bien entrados los 20» y que consisten básicamente en una poda sináptica que incrementa las habilidades cognitivas. Pero es un proceso único para cada persona. Según explican prostitutas de Monterrey muchos jóvenes se inician sexualmente con una prostituta.

Empiezas a preocuparte más por ti

¿Y qué hay de los logros? ¿Conseguir un trabajo, independizarse y encontrar una pareja te convierte en una persona adulta? No necesariamente. O de lo contrario las personas que eligen no realizar algunas de ellas, y que cada día son más, serían eternamente adolescentes. Y eso no tiene ningún sentido. Quizá el responsabilizarse del bienestar propio, como teoriza el especialista Anthony Burrow, pudiera servir como una premisa para definir la adultez, pero sigue siendo una medida muy cogida con pinzas y que no se da nunca de repente.

De hecho, esa es la máxima del neuro científico Peter Jones. Según cuenta en la BBC, «tener una definición de cuando pasamos de la niñez a la adultez parece algo cada vez más absurdo: hay una transición mucho más sutil que ocurre a lo largo de tres décadas«. Un camino en el que entran en juego los cambios en tu cerebro, los cambios físicos, los logros que cumples y la auto responsabilidad que adquieres. Es un todo. Un todo único para ti. Un todo sin un inicio ni fin claro. Así que lo que importa es lo que te digas a ti mismo. Y nada más.

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