Ayuda psicológica por prostitutas

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Por qué muchos hombres acuden a prostitutas buscando ayuda psicológica.

«No se me para», «No sé tener sexo», «acabo apenas al  meterla», son las frases que cada día se escuchan en las consultas de los sexologos/as y que cada noche se repiten sobre el colchón de una puta. Mujeres que a través de sus bocas, colas, manos y piernas han dado salida a los deseos, frustraciones y apetitos más bajos de quienes podían pagarse sus servicios. «El hombre que recurre a la prostitución, lo hace porque en muchas ocasiones tiene ganas de sexo, pero en realidad tiene ganas de ser feliz y confunde la felicidad con tener orgasmos comentan las prostitutas de Monterrey ».

Esta frase es de Ilan Stephani, una joven  que dejó la carrera de Filosofía para hacerse prostituta.

Más psique y menos pene

Según las cuentas de Stephani, alrededor de un 30% de los clientes que pidieron cita con ella no lo hicieron para tener sexo. Muchos hombres quieren hacer lo que les dé la gana sin que nadie les recrimine. Debe ser como cuando vas al psicólogo y sueltas ese chorro de cosas que te dices a ti mismo pero que no te atreverías a decir a las personas con quienes tienes relaciones profundas para no exponerte demasiado. « No todos quieren consumir sexo, algunos buscan más una conexión emocional», relata Paula Ezquerra, prostituta, activista, portavoz de Putas Indignadas y una «puta privilegiada» como le gusta definirse a ella.

A lo largo de sus años en la calle, Paula ha conocido muchos casos de hombres que serían carne de psicoanalista. « No es lo mismo ser una puta de la calle que una escort», asegura.

Prostitutas con sobredosis de empatía

«Para algunos hombres es más fácil acudir a una prostituta para hablar de sus problemas que a un profesional», explica Ziortza Karranza, psicóloga y sexóloga en el Centro Gurenduz. « Una vía de poder canalizarlas sin sentirse en ningún momento cuestionado, puede ser a través de estos servicios», apunta la especialista quien opina que, en principio, combinar esos dos tipos de servicios no sería algo tan descabellado pero es algo difícil de conseguir. « En el caso de que se plantease un servicio terapéutico, por ejemplo, la prostituta iría más preparada y no tendría que mentir a los clientes, sino ayudarles realmente a mejorar. No estaría nada mal que, al margen de los servicios sexuales, ofrecieran estos servicios de crecimiento erótico», añade Ziortza.

«Coges ritmo y desarrollas una intuición clave para saber si busca sexo rápido, lento, una novia o ayuda emocional », resume Paula Ezquerra. Vale, sea de mejor o peor manera, las putas llevan generaciones ejerciendo una profesión en la que sexo y terapia caminan de la mano. Todo ello sin que se les reconozca ni siquiera su estatus de profesionales del sexo, sin que el estigma que sigue arrastrando su oficio les permita ejercer su labor con toda la dignidad que merecen. Quizá llegue el día en el que el poder terapéutico del sexo fluya y se pueda reservar cita en la consulta de una ‘teraputa’.

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